Reabrir la voz

No sentía tener sed de escribir últimamente.

No sé si fue el artículo que escribí con Eugenio, apenas un reacomodar los párrafos para un artículo que escribiríamos conjuntamente para el Universal; apenas un trabajo de decenas de minutos, aproveché una justificación que hice para la SEP sobre la importancia de las STEAM en México.

Sin duda el día de ayer aportó en la lucha; todo un sábado abriendo las cajas que había dejado guardadas en casa de madre, ya hace 12 años. Todos los cuadernos de mis estudios de Ingeniería, algunos proyectos, libros, postales, fotos y llaveros. Me di el tiempo inclusive de revisar una torre de Diskettes, CD’s y DVD’s de tareas y respaldos, cuya información cupo completa en tan sólo una micro usb de 16 Gb. Entre mis apuntes, libros y videos, tuvieron especial peso los de cuando me fui de intercambio a Francia. Encontré el video que mi pareja de aquel tiempo mandó a mi dirección en Lyon para mi cumpleaños 22. Había entrevistado a toda mi familia, sus amigos y los míos, y editado una felicitación colectiva por mi aniversario. Fue hermoso revivir los rostros de mis padres y de mis abuelos hace ya 14 años, ver su alegría, su nostalgia, sus ganas de llorar, su nerviosismo y su emoción. Mi abuelo Ramón y varios familiares, me decían que meditara dedicarme a la escritura a raíz de que comencé a mandar cartas públicas cada fin de semana en las que les iba compartiendo todo lo que vivía y reflexionaba en las quizá apenas 30 semanas que estuve fuera.

Hoy amanecí deseando escribir nuevamente. En mi cabeza en el desayuno, había un eco de algunas palabras que leí en las semanas pasadas; alguien narraba sobre una nueva biografía de Churchill. El autor explicaba que aunque hay ya decenas, se había atrevido a escribir la propia porque cada generación tiene derecho de descubrir y reinterpretar su propio Churchill. Esa sola idea retumbaba con lo acontecido el día previo; en definitiva mis reflexiones o conocimiento no son más importantes que las de los literatos y consultores profesionales, mi vocabulario es seguro limitado, mi paleta de colores restringida, pero tenemos la oportunidad, quizá inclusive la responsabilidad, de alzar la voz sobre nuestros placeres, reflexiones, luchas y obsesiones.

Escribir es recuperar el eco de nuestro pensamiento para poder así escucharnos, estructurarnos, reorganizarnos y reinterpretar nuestro camino. Publicar nuestro pensar es crear nuevas cavernas donde otros puedan interactuar con nuestros pensamientos; vivencias todas relevantes porque hoy es importante discutir sobre la totalidad de temas y colores; hablar del dolor y del hambre, de los placeres y el vino, de los recuerdos y anhelos de infancia, pero también del deseo de un mundo distinto.

Si a momentos sufrimos la monotonía superflua de una sociedad plana, rica en likes de redes, llena de un diálogo sin substancia. El poder de escribir es una responsabilidad importantísima; es sembrar las jardineras y cuevas para cambiar el horizonte; es la oportunidad de hacer un sendero que nos permita rediseñar juntos nuestro entender sobre dónde estamos parados, quiénes somos y qué queremos hacer con este tiempo.  


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